La Unión Europea condenó ayer en los términos más firmes los actos de violencia étnica en Kosovo y llamó a todas las partes a poner fin a los disturbios que ya han causado 28 muertos, al tiempo que decidió enviar mañana a Pristina al alto representante de la Política Exterior y de Seguridad Común, Javier Solana. Los ministros de Asuntos Exteriores urgieron a «todos los líderes, en particular a la dirección albanokosovar, a asumir la responsabilidad de la situación y garantizar el fin de los enfrentamientos mediante sus acciones y palabras».
Los dirigentes europeos calificaron los recientes acontecimientos de «un serio retroceso» y dijeron que «serbios y albaneses deben abstenerse de actos provocativos». También subrayaron que los responsables de la violencia «deben ser juzgados» y aseguraron que «las fuerzas extremistas no tienen un papel en el futuro de la provincia serbia».
La UE también condenó los ataques registrados contra la fuerza de paz de la OTAN (Kfor), así como contra personal y oficinas de la administración provisional de la ONU (Unmik) y su representante, Harri Holkeri. El Consejo indicó que «la prioridad es evitar más violencia y pérdida de vidas humanas, restaurar la calma y preservar la estabilidad regional».
De acuerdo con los ministros, los líderes de Kosovo «deben ser conscientes de que está en juego su credibilidad, el futuro de la región y su perspectiva europea. La protección de los derechos de los miembros de todas las comunidades es esencial». Los titulares de Exteriores europeos reafirmaron su compromiso con un «Kosovo con futuro estable, democrático, seguro y multiétnico». Por otra parte, la UE defendió ayer el «rápido retorno» de los refugiados serbios a Kosovo.